THE FIRST WORDS DRAW THE PLACE

the first words draw the place

First expedition
Breakwater

I

One straight line has moved over the river since 1909, as if it were the carved trace of a set of displacements, it is a 990 meter breakwater, built at its start by a crane named Titan and continued by another named Hercules of origin German-, after the first collapsed vertiginously during the partial collapse of the nascent pier: The breakwater.

This place, like the rest, is disappearing, again.

I visit the breakwater weekly, I find in it a space of duplicity, something of a mirror and a wall, an allegory of a certain national identity production, rugged and floating, although rooted 18 meters under water, tied to a supposed bestial marine skeleton: unknown depth that of the foundation in fiction

II

According to some stories, the port works began with the construction of complex structures for shelter and shelter, a large solid mantle, a cave. The breakwater was built on artificial soil, except in some sectors where rock was found at shallow depth.

They dredged and dredged and dredged and dredged until they found resistance, in some areas – the extremities – it was necessary to reach a depth of 25 meters to find a firm bottom, where the mud was like a memory. The ditch dredged to that depth was 85 meters wide and was filled with stone extracted from La Teja and sand from the Santa Lucía river bar, the incipient circuit plan: water with the mobility of oil, blocks of natural stone on which concrete blocks will be placed. Big and heavy things draw places that are enclosed.

III

The breakwater looks everywhere or so it seems and the different eyes of the bay see how the silent and lonely monolith extends, and also, how it can enter the waves, discuss it, entangle it, in a kind of geopoetic game: the reeds of fishing they chisel a polar choreography, they go up and down subtly, they move still, even if it is an oxymoron, every so often something appears; smooth, catfish, bottles, a knot. Since the stone age, we fish, with our hands, with arrows, with spears, with harpoons, with nets, with satellites, with machines, with words, with ears. Piscor ergo sum.

IV

I usually think of debris when I am on the breakwater, and it is known that all debris is a fragment of something total, fishing is similar to producing debris: parts of the river, of the house, of the beach, of the body, of the city: extracting means isolating , leave alone. There is an island presence at the end of the breakwater: How were the rocks moved there? Who organized them? Under what criteria? What were their names? Did your back hurt, like Titan, the broken crane?

Mirror, wall, island, rubble: this place was made between boats and docks, stopping the storm, hugging stones to defend against the pampero and the river.

It is necessary, then, to start a conversation with non-human voices.

Whisper, be silent. Listen.

Las primeras palabras dibujan el lugar

Primera expedición

Escollera

I

Una línea recta se desplaza por encima del río desde 1909, como si fuera el rastro tallado de un conjunto de desplazamientos, es un rompeolas de 990 metros, construido en su inicio por una grúa de nombre Titan y continuado por otra de nombre Hércules- ambas de origen alemán-, luego de que la primera se desplomara vertiginosamente durante el hundimiento parcial del muelle naciente: La escollera.

Este lugar, al igual que el resto, está desapareciendo, otra vez.

Visito la escollera semanalmente, encuentro en ella un espacio de duplicidad, algo de espejo y de muralla, alegoría de cierta producción identitaria nacional, accidentada y flotante, aunque enraizada 18 metros bajo agua, amarrada a un supuesto esqueleto marino rígido y estable, ligeramente andrógino, bestial: profundidad desconocida la de los cimientos en la ficción.

II

Según algunos cuentitas, las obras del puerto comenzaron con la construcción de complejas estructuras para refugio y abrigo, un gran manto sólido, una cueva. La escollera fue edificada sobre suelo artificial, excepto en algunos sectores en donde se encontró roca a poca profundidad.

Dragaron y dragaron y dragaron y dragaron hasta encontrar resistencia, en algunas zonas- las extremidades- fue necesario llegar a los 25 metros de profundidad para encontrar un fondo firme, donde el barro fuera como un recuerdo. La zanja dragada hasta aquella profundidad tenía un ancho de 85 metros y fue rellenada con piedra extraída de La Teja y arena de la barra del río Santa Lucía, el incipiente plan circuital: aguas con la movilidad del aceite, bloques de piedra natural sobre los cuales se colocaran bloques de hormigón. Cosas grandes y pesadas dibujan sitios que se encierran.

III

La escollera mira a todas partes o eso parece y los distintos ojos de la bahía ven como se extiende el monolito silencioso y solitario, y también, como puede entrar en el oleaje, discutirlo, enredarlo, en una especie de juego geopoético: las cañas de pescar cincelan una coreografía polar, suben y bajan sutilmente, se mueven quietas, aunque sea un oximorón, cada tanto algo aparece; lisas, bagres,botellas, un nudo. Desde la edad de piedra, pescamos, con las manos, con flechas, con lanzas, con arpones, con redes, con satélites, con máquinas, con palabras, con oídos. Piscor ergo sum.

IV

Suelo pensar en escombros cuando estoy en la escollera, y sabido es, que todo escombro es un fragmento de algo total, pescar se parece a producir escombros: partes de río, de casa, de playa, de cuerpo, de ciudad: extraer supone aislar, dejar solo. Hay una presencia de isla al final de la escollera : ¿Cómo fueron trasladas las rocas hasta allí? ¿Quiénes las organizaron? ¿Bajo qué criterio? ¿Cómo se llamaban? ¿Les dolió la espalda, como a Titán, la grúa rota?

Espejo, muralla, isla, escombro: este lugar se hizo entre barcos y muelles, frenando la tempestad, abrazando piedras para defenderse del pampero y del río.

Es necesario, entonces, entablar una conversación con voces no humanas.

Susurrar, hacer silencio. Escuchar.