Perforated objects

EDGE-BAY
Montevideo has a difficult relationship with its bay . Origin and foundation of the city, the bay suffers the slow and inexorable displacement of the urban center towards the east. The uses of the bay, beyond the original port, changed without stopping: first the Saladeros, then the Frigorificos took advantage of the access to the river to dispatch their merchancies and perhaps dump their waste.

The coal barracks, followed by the refinery, supplied energy and fuel the entire country from the bay. Once and again, when the need arose, the bay was filled with land and terrain was gained for builiding on. And the bay, a kind of functional and generous void, continues to bear the new and the decrepit, the logistics terminals and the ship graveyard, the delusions of urban planners and the appropriations of capital. But what is the bay really like? Not as landscape represented, monitored, seen from afar, allowed as a practiced space.
Surrounding the bay, we walked from the port towards the Cerro and, whenever possible –by a pier, a beach or a dead end–, we approached the water of Río de la Plata. We observe and listen, collect objects, climb debris, and talk to people. I noticed, for example, that there were many plastic shoes on the shore; It seems that these, have a specific shape and weight that allows them to stay up in the surf, they carry a fossil memory. Likewise, we found a beach of tires that floated scattered among the water, oil and sand, in conjunction with herons and ducks.

As in a strange cabinet, the objects are no longer organized by species or form in a taxonomic, clear and different, Cartesian way, on the contrary, what is found is a great hubbub, where stillness and the thickness of speculative abandonment prevail and agrologistics , a space of heterotopic juxtapositions, as counter-sites or, as David Harvey points out, a form different from ordering.

By juxtaposing and combining various spaces into one, heterotopias show other ways of organizing and making spaces legible, that is, other forms of knowledge : a beach becomes a terraforming, a garbage dump in a public square , a ravine that causes floods is transformed into an urban bathing area.
All the things found have something of a perforated, permeable world, the heterotopic sites and objects portray that correlation, that is why we can share them, mutate them, challenge them in their identity and, consequently, in ours. Basically things don’t behave the way we want them to, because they are inherently incomplete just like us. The bay is a perforated, incomplete object, a world with holes, something that works inherently wrong.

According to Timothy Morton “All worlds are poor, not only those of non-human and sensible living forms”, which in some way means that non-human worlds are not different from humans, so that, the non-human, the non-sensitive and the non-living also have worlds. Let’s think of plastic, the plastic world, electronic waste, lithium, mountains of shoes and random objects, which lie like infinite materials and chemicals in the different layers of the earth. The temporality of the fossils supposes a tear and wear: decomposition and oxidation, mechanisms that also characterize our memory as well as the physical time of materials. The waste returns to the ground in the form of dangerous substances or as Jussi Parikka writes in his medial archeology: “like half zombies recycled in new assemblies”. The future of soil, air, and water is synthetic and is inserted in a logic of circulation and exchange on a cosmic and geoengineering scale.

Permeability is a matter of object-oriented ontology, because basically objects are open secrets, semi-open structures: closed because the fragment of a burned shoe is not a broken toilet-like the world, there’s no way to put it back together-, it’s dislodged, clogged but at the same time open since they contain other objects and are contained by, in this case the bay, the edge, our bodies.

We are guests, we shelter, we shelter.

References
Humanity. Solidarity with non-humans. Timothy Morton
Capital spaces. David Harvey
Capitalist realism. Mark Fischer

A geology of media, Jussi Parikka

BORDE-BAHÍA
Montevideo tiene una relación difícil con su bahía. Origen y fundamento de la ciudad, la bahía sufre el lento e inexorable desplazamiento del centro urbano hacía el este. Los usos de la bahía, más allá del puerto originario, cambiaron sin parar: primero los saladeros, después los frigoríficos aprovechaban el acceso al río para despachar sus mercancías y acaso verter sus desechos. Las barracas de carbón, seguidas por la refinería, abastecieron de energía y combustible al país entero desde la bahía.

Una y otra vez, cuando aparecía la necesidad, se rellenaba una parte y se ganaba tierra al mar. Y la bahía, especie de vacío funcional y generoso, sigue aguantando lo nuevo y lo decrépito, las terminales logísticas y el cementerio de barcos, los delirios de los urbanistas y las apropiaciones del capital. Pero, ¿cómo es la bahía en realidad? No como paisaje reperesentado, monitoreado, visto de lejos, sino como espacio prácticado.

Nuestra investigación empezó caminando. Rodeando la bahía, caminamos desde el puerto hacia el Cerro y, cada vez que se pudo –sea por un muelle, una playa o un callejón sin salida–, nos acercamos al agua del Río de la plata. Observamos, juntamos objetos, trepamos escombros y hablamos con personas. Advertí, por ejemplo, que había muchos zapatos plásticos en la orilla; parece que estos, tienen una forma y un peso específico que les permite mantenerse arriba en la resaca, transportan una memoria fósil. Asimismo, encontramos una playa de neumáticos que flotaban dispersos entre el agua, el aceite y la arena, en conjunción con garzas y patos. Como en un extraño gabinete, los objetos ya no se organizan por especie o forma de manera taxonómica, clara y distinta, cartesiana, por el contrario, lo que se encuentra es un gran barullo, donde prima la quietud y el espesor del abandono especulativo y agrologístico, un espacio de yuxtaposiciones heterotópicas, en tanto contraemplazamientos o como señala David Harvey una forma distinta de ordenamiento.

Al yuxtaponer y combinar diversos espacios en uno, las heterotopías muestran otras formas de organizar y de hacer legibles a los espacios, es decir, otras formas de conocimiento: una playa se convierte en una terraformación, un basural en una plaza pública, una cañada que provoca inundaciones se transforma en un bañado urbano.
Todas las cosas encontradas tienen algo de mundo perforado, permeable, los sitios y objetos heterotópicos retratan esa correlación, por eso es que podemos compartirlos, mutarlos, interpelarlos en su identidad y por consiguiente, en la nuestra. Básicamente las cosas no se comportan del modo en que queremos, porque son intrínsecamente incompletas al igual que nosotros.

La bahía es un objeto perforado, incompleto, un mundo agujereado, algo que funciona intrínsecamente mal.

Según Timothy Morton “Todos los mundos son pobres, no solo los de formas vivientes sensibles y no humanas”, es decir que los mundos no humanos no son diferentes de los humanos, por lo que, lo no humano, lo no sensible y lo no viviente también tiene mundos, pensemos en el plástico, en el mundo plástico, en la basura electrónica, el litio, en las montañas de zapatos y de objetos random, que yacen como infinitos materiales y químicos en las distintas capas de la tierra. La temporalidad de los fosiles supone un desgarramiento y un desgaste: descomposición y oxidación, mecanimos que caracterizan también a nuestra memoria como al tiempo físico de los materiales. Los deshechos regresan al suelo en forma de sustancias peligrosas o como escribe Jussi Parikka en su arquelogía medial: ” como medios zombies reciclados en nuevos ensamblajes”. El futuro del suelo, del aire, de las aguas es sintetico y se inserta en una logica de circulación e intercambio de escala cosmica y de diseño geoingenieril.

La permeabilidad es una cuestión de la ontología orientada a objetos, porque básicamente los objetos son secretos abiertos, estructuras semiabiertas, fisuradas

– como el mundo, no hay forma de volver a armarlo, está desencajado, obturado-: cerrados porque el fragmento de una zapatilla quemada no es un hinodoro roto, pero al mismo tiempo abiertos ya que contienen a otros objetos y son contenidos por x, en este caso las montañas de basura, la bahía, el borde, nuestros cuerpos. Somos huéspedes, albergamos, nos albergan.

Referencias:
Humanidad. Solidaridad con no humanos. Timothy Morton
Espacios del capital. David Harvey.
Realismo capitalista. Mark Fischer

Una geología de los medios. Jussi Parikka

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